Cuando sólo tienes un martillo.
Todavía me sorprende ver anuncios con actores españoles, doblados, pero creo que ya entiendo el porque: cuando sólo tienes un martillo, todo se parece a un clavo.
Y como ya existe una industria de doblaje, es fácil–hasta lógico–doblar aún los anuncios grabados en castellano.
Es decir, el doblaje — tanto como el uso de efectos especiales en Hollywood, o las tetas operadas en San Fernando — se normaliza por razones económicas y estéticas.
Claro, lo normal no es necesariamente lo natural. Y si se trata de una representación, lo natural ni existe. Lo que a mi me parece muy artificial a otro le puede parecer muy sofisticado.
Quizás, me falta evolucionar un poco. Quizás, “Qué hay de nuevo, Tiger Lily” no tiene nada de chiste.